Difícil conjunción esta. Pienso lo mismo cuando se ve ahora el auge de los coches híbridos (que aún no 100% eléctricos, excepto para la Reina). Unas posibilidades que se conocen desde hace un montón de años y a sabiendas de todos que estamos contaminando más debido no dejo de sorprenderme por lo que tardan estas innovaciones en llegar al mercado con argumentos de amortización de investigación, madurez de mercado y demás para que la recurrencia de los ingresos pueda ser llevada hasta el más allá.
Algo similar debe pasarnos con algunos clientes que posponen lo que ven claro. Algo así como que no van a poder hacer la venta interna, que los trabajadores no lo van a pillar y que el día a día va en otra dirección y les tiene atrapados entre emails, aviones y proyectos corporativos.
Me irrito no sólo por la parte que me atañe de no poder cerrar la venta, creo que me irrito más por la rigidez, falta de riesgo, visión de futuro, … Al igual que me sorprende cuando nos pasan cosas igual de alucinantes que como X gran empresa nos ha comprado otra empresa más pequeña del sector se interesa por lo mismo.
Evidentemente yo soy muy impaciente y más cuando veo lo que hacen algunas de estas empresas y les presentamos posibilidades de lo que podrían estar haciendo y se rajan. Desde que tenía este post en la cabeza lo he comentado hasta con clientes; algunos me han dicho que tenemos que involucrar al jefe máximo para que esto chute, otros que tenemos que ir más suave… Ayer Roberto Verganti me hizo llegar un link a un post que ha escrito en Harvard Business Review con el título How to sell an idea to your boss. Ninguna de estas cosas satisface mi sentimiento de que las cosas van mucho más despacio de lo que deberían ir.

Foto EFE. Publicada en El Mundo 16-08-10













