Tras haber hecho una implementación de Magik Politik en Mungia tuvimos una reunión interna de evaluación del trabajo realizado de manera muy crítica hacia nosotros. No porque el proyecto esté mal diseñado, sino por el poco recorrido que posiblemente tenga éste debido a la clase política.
Recientemente, El País publicó un artículo que incidía en la razón por la que se nos realizó el encargo: generar ruido de la clase política aprovechando la participación. Pero realmente, para que se produzca una participación más allá de votar cada cierto tiempo, la decisión de momento tiene que venir de los políticos. Algo excesivamente paradójico. Sin ser un experto en el tema, los partidos políticos tienen una límite económico cuando hacen campañas electorales (aunque se me ocurren un montón de maneras de manejar muchísimo más presupuesto), así como diferentes subvenciones que reciben en relación a la representación lograda en las elecciones precedentes. A fin de cuentas, lo mismo que se recoge en el artículo de El País “Populismo, participación, democracia”, de Paul Ginsborg.
